Macarena Chiriboga Vela: arquitectura vegetal


Macarena, con apenas 26 años, es una innovadora de la construcción en bambú. Su persistencia, sus convicciones y la ruta de su vida nos brindan una historia fascinante.

Cuéntanos un poco de ti Macarena, de tus estudios.

Estudié arquitectura y diseño electrónico en el Savanna College of Art and Design. Cuando había culminado la licenciatura y luego de trabajar durante un año como arquitecta, decidí que no quería serlo. Estuve a punto de abandonar la profesión por completo.

¿Qué te detuvo?

El cacao ecuatoriano (risas).

¿El cacao?

Sí. Fui a visitar un terreno donde mi padre se proponía construir una central de acopio de cacao. La experiencia de participar en el secado, de hacer chocolate negro (de alto porcentaje) y aspirar su aroma, me puso en contacto con la sensualidad de los materiales naturales y el trabajo manual. El aroma del chocolate se podía palpar. Sentí que todo lo que había estado haciendo en el trabajo y la universidad, con la computadora, era inasible. El chocolate me motivó, y decidí que quería transmitir esa experiencia de hacerlo a través de la arquitectura. La idea era que el acopio se construyera con caña guadúa. Era un proyecto de estructuras pequeñas, nada grandioso, nada monumental ni complejo, sin embargo me atrajo. Fue entonces que entré en contacto con el bambú y quise saber más sobre él. Había allí un potencial que quería desentrañar.



¿Lo hiciste?

Me propuse hacerlo. Decidí regresar a Savanna para cursar una maestría. El bambú se convirtió en el tema central de mi tesis. Quería contar su historia. Mi director de tesis no supo cómo reaccionar ante mi propuesta. “Quieres trabajar con cuatro palos”, me dijo. “Esto no es material para una tesis”. Los otros estudiantes tenían propuestas de diseño avanzado generado en el computador, con Revit y Grasshopper, para grandes metrópolis como Nueva York. Pero yo insistí. Para entonces ya estaba obsesionada con la idea. Desarrollé el componente teórico y conceptual de mi tesis. Cuando tuve que traducirlo a una serie de diseños específicos, utilicé el bambú como aparecía en su estado natural, curvo, en las estructuras. En ese momento surgieron las críticas más devastadoras: “eso no funciona”, “es imposible construir una estructura curva con bambú”, “vas a tener que demostrarnos que esa aplicación funciona, porque nosotros no conocemos el material con suficiencia”... Había mucha información sobre el acero, el concreto, los sistemas de mampostería; tan poca sobre el bambú. Sin embargo, no me dejé abatir. Investigué varios precedentes (Simón Vélez y Shigeru Ban, entre otros), concentrándome en identificar estructuras construidas con bambú a gran escala. Tuve que respaldar mi propuesta de utilizarlo curvo con un sinnúmero de gráficos y diagramas de fuerzas estructurales. El proceso fue frustrante pero el final de la historia es feliz: mi propuesta ganó el premio a la mejor tesis de la facultad. Mi humilde estructura en bambú compitió con magníficos rascacielos de acero y vidrio, y ganó. Fue emocionante. A la final el material con el cual me había comprometido durante todo ese tiempo tuvo una gran acogida entre mis compañeros y mis profesores. Cuando se expuso el proyecto, mucha gente se acercaba a mirarlo; llamaba la atención por distinto. Hace poco envié unas imágenes de las casas que estoy construyendo ahora con bambú, en Bali, a mis profesores: “Les dije, el bambú funciona muy bien curvo, porque crece así, y así adquiere mayor fuerza estructural”, les escribí.



¿Quién fue el visionario que creyó en tus estructuras curvas y te permitió construirlas, a riesgo de que fracasaran?

Esa es otra larga historia. La mamá de mi novio es arquitecta y vive en Bali. Cuando me gradué, él me propuso que fuera allí. “Asia y tú van de la mano”, me dijo. Vinimos. Cuando llegué me recomendaron que fuera a visitar el green school, una escuela construida en bambú, donde la educación está por completo imbuida de principios medioambientales. Fui. Por casualidad me encontré allí con John Hardy, el dueño y creador de este proyecto educativo y de la firma de diseño PT bambú. El había llegado treinta años antes a Bali, sin un centavo. Diseñaba joyas y su visión era incorporar técnicas tradicionales balinesas al diseño de joyas modernas. Son los mismos principios que rigen la arquitectura del green school. Su compañía, John Hardy Jewelry, fue sumamente exitosa. Eventualmente la vendió para poder financiar el colegio. Con la crisis bancaria, John sufrió pérdidas enormes y fue entonces que decidió apostar por la construcción en bambú, a través de PT bambú. Cuando nos encontramos por casualidad, comencé a hacerle varias preguntas sobre el uso curvo del bambú. Intrigado, me preguntó por qué yo preguntaba tanto y le conté sobre mi tesis. Me pidió que se la enviara por internet cuando regresara a Ecuador. En ese entonces mi plan era mudarme a trabajar en Nueva York. Cuando John me propuso que trabajara con él, me subí a otro avión y heme aquí, en Bali…


¿Ha sido difícil trabajar en un medio tan diferente del nuestro?

Al inicio, durante dos meses, trabajé en PT bambú, en un ambiente relativamente estable. Un día me llamó John y me dijo: “Macarena, te recojo mañana a las 6 de la mañana. Quiero llevarte a conocer un terreno”. Fuimos. ¡El terreno era una selva! “Selecciona algunos bambúes y monta una oficina, porque trabajarás desde aquí”, me dijo. Para llegar, había que caminar 20 minutos a través de la maleza. Imagínate lo que fue para mí, después de haber crecido en una ciudad, cuando no había construido ni una silla, que me soltaran en la selva a levantar casas. Quería sentarme a llorar. De repente estábamos allí un balinés experto en estructuras de bambú y yo, sin poder comunicarnos. El no hablaba español. Yo no hablaba bahasa. Fueron los meses más difíciles. Me puse mi oficinita: cuatro palos con un techo de paja. No tuve baño durante un año.


¿Cómo te las arreglaste para diseñar en la selva?

No fue fácil. A John no le parecían necesarios ni los computadores ni los levantamientos topográficos. “El computador es el fin de la arquitectura”, me dijo. Y tuvimos que medir, de árbol en árbol, las cotas del terreno. Esos días aprendí las mejores lecciones de mi vida. Conozco el terreno palmo a palmo. “Las casas tienen que implantarse como si estuvieran volando”, me instó luego. “No vamos a tocar el terreno. No vamos a mover tierra, ni la vamos a aplanar”. Comenzamos a diseñar con maquetas y dibujos. Y la verdad es que luego de graduarme pensando que aprender a utilizar el software más avanzado era lo más importante en mi carrera, en la selva me di cuenta de que no me hubiera servido para nada. Medir el terreno fue sentirlo, dibujarlo por dentro, conocerlo. Pasaba –y paso- horas sentada, contemplándolo, o caminando de arriba abajo. Hacer dibujos en la computadora no me hubiera permitido establecer una relación íntima con el lugar. Trabajando de esta manera he desarrollado una sensibilidad mucho mayor hacia el diseño y la naturaleza. Para mí se ha vuelto fundamental conectar cada espacio con su entorno. He vivido casi dos años en este terreno y creo que las casas que ahora lo habitan comunican que hubo alguien aquí, viviéndolo, antes de construirlas.



Cuéntanos un poco sobre los aspectos técnicos de la construcción en bambú. ¿Qué has aprendido? ¿Con qué otros materiales lo combinas?

Las casas se construyen en un 99 por ciento con bambú. El porcentaje restante se compone de vidrio, piedra y una porción mínima de concreto en el refuerzo de algunas de las articulaciones. Es decir, inyectamos concreto hasta el primer nudo de la vara de bambú en los componentes estructurales para garantizar la firmeza de la junta y evitar que la fibra se rasgue. En la cimentación también utilizamos concreto. La estructura se proyecta hacia abajo tanto como hacia arriba (aproximadamente 8 metros). En el subsuelo, éste es el principal material. El bambú no puede estar expuesto ni a la lluvia ni al sol. Para protegerlo y proveer sombra, solemos proyectar en aleros considerables el tumbado, que se cubre con paja, y sigue un ángulo de 45 grados para desalojar rápidamente la lluvia en esta zona, donde la pluviosidad es altísima.



¿Cómo defines el grado de la curvatura de cada vara?

Cuando diseño hago una maqueta que llevo conmigo al lugar donde compro el bambú. Escojo cada vara, de una en una, según la curvatura que necesito en cada elemento. Es como hacer una escultura. Marco sobre cada bambú una letra que se relaciona con mi propio listado: bambú A1 para cimiento A1. Dependo, en realidad, de mi ojo para identificar cada componente. Inevitablemente, porque el diseño se adapta al material, el producto final siempre difiere ligeramente de la maqueta inicial. En las vigas principales y secundarias que sostienen la estructura y los entrepisos, utilizamos bambú recto. Para lograr las curvaturas en los techos, lo que hacemos es incorporar duelas de bambú: miles de tiras nos permiten darle la forma que queramos. Un gran anillo sujeta toda la estructura. Manejar un sinnúmero de conexiones sin confundirse solía ser un reto. Ahora simplemente vamos empernando o anudando o juntando con clavijas cada pieza, como si tejiéramos. Para no confundirnos utilizamos cintas: una azul para las juntas de la estructura principal, otra roja para aquéllas de la secundaria. Cuando necesitamos inyectar cemento, utilizamos como guía dos cintas, una azul y otra roja. Una vez que el cemento ha sido inyectado, sacamos la azul y queda la roja. Tenemos que ser muy metódicos, porque puede ser peligroso equivocarnos.













¿Cómo incorporan la infraestructura de servicios?

La colocamos en los extremos de la casa y la cubrimos con bambú. Los tubos de la plomería generalmente se mezclan con los de la estructura. La tubería es de plástico. Utilizamos tanques sépticos y tenemos humedales que filtran las aguas negras. Estas se reutilizan en los jardines donde plantamos frutas y flores. Mucha de la energía se genera con biomasa, pero no hemos logrado independizarnos por completo del sistema central.



Una experiencia transformadora. Parece haberte forjado como una nueva arquitecta…

Sí. Es una ironía de mi vida haberme especializado en diseño electrónico para llegar a un lugar en el cual se me prohíbe utilizar el computador –una herramienta útil para muchas cosas, pero no algo que se necesite para diseñar. Creo que no volveré a ser la misma. Aquí cada villa es distinta. Dejamos tranquilo al terreno. Si hay una palmera donde queremos implantarnos, se la integra dentro de la casa. La mayoría de promotores de bienes raíces quieren que todos los lotes tengan un área específica y sean rectangulares. Aquí no hay lotes uniformes ni áreas modulares. Algunos “lotes” son más grandes que otros. La subdivisión depende de los rasgos del terreno más que de una cuantificación abstracta del mismo; es completamente orgánica y se marca con palos. Como arquitecta, primero trabajo con el terreno. Hago algo que se adapte a él. Luego le presento el esquema al cliente y trato de adaptarlo a sus necesidades. En uno de mis viajes a Quito me propusieron cortar la montaña para ubicar unas casas y les dije que no. Si yo volvería a hacer algo así, significaría que estos años en la selva no me han servido para nada. Veo el mundo de una forma distinta. No sólo la arquitectura está cambiando, también el estilo de vida. Antes, una vida “de lujo” llegaba con aire acondicionado y paredes de cemento o dry wall. Ahora, el lujo es poder entrar en contacto con la naturaleza, respirar aire fresco, caminar a un río, corretear sin zapatos en un jardín…, el lujo es una casa construida con bambú. En Ecuador creemos que una vivienda de caña guadúa es una choza, una vergüenza, un signo de pobreza. Ocurre todo lo contrario en Bali. Nuestros clientes pagan cifras exorbitantes por vivir en una de nuestras villas vegetales. El mundo está cambiando. Es como si hubiéramos estado amortiguados mucho tiempo y comenzáramos a despertar.

2 comentarios:

jpm26blog dijo...

Me saca las lágrimas!!!

Me siento igual que Macarena, sólo que nosotros estamos en el mero inicio del proyecto.

Me encantaría invitarte a ver nuestro proyecto!!

Fernando Olvera dijo...

Me alegra y me satisface tu pensamiento sobre la tierra y el Bambú, soy de Guayaquil y me identifico contigo ,Saludos y ÉXITOS